LIGA ATLACOMULCO
El basquetbol que une generaciones
històrias de la Lliga Amateur d’Atlacomulco
La Liga Amateur de Atlacomulco es un espacio donde el deporte se convierte en identidad, convivencia y memoria colectiva. Cada temporada reúne a jugadoras y jugadores de distintas edades que encuentran en la cancha un lugar para crecer, compartir y celebrar la pasión por el basquetbol. Entre esas historias destacan las de Orfilda Rosales De La Luz, de 67 años, integrante del equipo Scream, y Marisa González, de 40 años, jugadora de Butterflys. Sus trayectorias reflejan el espíritu que mantiene viva esta liga desde hace décadas.
Orfilda Rosales: una vida entera botando el balón
A sus 67 años, Orfilda Rosales sigue pisando la duela con la misma energía que cuando llegó a Atlacomulco en los años noventa. Para ella, participar en la liga es “una oportunidad para convivir en familia y compartir el gusto y la pasión por el basquetbol”. También es un desafío personal: una forma de superarse tras lesiones y de mantenerse activa física y emocionalmente.
Su historia está profundamente ligada a la ciudad y al deporte. Desde su llegada, toda la familia se involucró en la liga, transmitiendo a hijas, hijos y ahora nietos el amor por el basquetbol. “Hemos mantenido el nombre del equipo a pesar de los años, y hemos conocido a infinidad de grandes basquetbolistas que hoy son amistades muy queridas”, recuerda con orgullo.
Para Orfilda, la liga no solo fortalece el cuerpo: también ayuda a liberar estrés, a manejar emociones y a encontrar un espacio de apoyo mutuo. Los vínculos que se crean dentro y fuera de la cancha son, para ella, uno de los mayores tesoros: “Hemos creado una familia con quienes compartimos este gusto. Muchos jóvenes se han contagiado de este bello y sano vicio, alejándose de cosas negativas que podrían dañar su vida.”
Marisa González: orgullo, disciplina y un tiro de tres que la define
Marisa González, jugadora de Butterflys, vive el basquetbol como una motivación diaria. Con 40 años y dedicada al hogar, encuentra en este deporte una fuente de energía, salud y aprendizaje continuo. “Es un orgullo pertenecer a esta liga. He aprendido mucho y conoces a muchísimas personas. La competencia te motiva a mejorar tu rendimiento”, afirma.Marisa tiene una habilidad especial: disfruta tirar de tres puntos, y los buenos resultados que ha logrado la llenan de satisfacción. Ese pequeño logro personal se ha convertido en un motor para seguir creciendo dentro del deporte.La liga también ha influido en su vida social y emocional. Le ha permitido convivir con la comunidad, reforzar valores y aprender a controlar impulsos. Los vínculos que se generan —amistad, convivencia, crecimiento deportivo— son parte esencial de su experiencia: “Aquí encuentras amistades, apoyo y un ambiente que te impulsa a mejorar.”
Una liga que es comunidad
Las historias de Orfilda y Marisa muestran cómo la Liga Amateur de Atlacomulco trasciende lo deportivo. Es un espacio donde se construyen lazos, se fortalecen valores y se tejen historias que pasan de generación en generación. En cada partido conviven la experiencia y la juventud, el esfuerzo y la alegría, la competencia y la hermandad
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Orfilda Rosales: una vida entera botando el balón
A sus 67 años, Orfilda Rosales sigue pisando la duela con la misma energía que cuando llegó a Atlacomulco en los años noventa. Para ella, participar en la liga es “una oportunidad para convivir en familia y compartir el gusto y la pasión por el basquetbol”. También es un desafío personal: una forma de superarse tras lesiones y de mantenerse activa física y emocionalmente.
Su historia está profundamente ligada a la ciudad y al deporte. Desde su llegada, toda la familia se involucró en la liga, transmitiendo a hijas, hijos y ahora nietos el amor por el basquetbol. “Hemos mantenido el nombre del equipo a pesar de los años, y hemos conocido a infinidad de grandes basquetbolistas que hoy son amistades muy queridas”, recuerda con orgullo.
Para Orfilda, la liga no solo fortalece el cuerpo: también ayuda a liberar estrés, a manejar emociones y a encontrar un espacio de apoyo mutuo. Los vínculos que se crean dentro y fuera de la cancha son, para ella, uno de los mayores tesoros: “Hemos creado una familia con quienes compartimos este gusto. Muchos jóvenes se han contagiado de este bello y sano vicio, alejándose de cosas negativas que podrían dañar su vida.”
Marisa González, jugadora de Butterflys, vive el basquetbol como una motivación diaria. Con 40 años y dedicada al hogar, encuentra en este deporte una fuente de energía, salud y aprendizaje continuo. “Es un orgullo pertenecer a esta liga. He aprendido mucho y conoces a muchísimas personas. La competencia te motiva a mejorar tu rendimiento”, afirma.Marisa tiene una habilidad especial: disfruta tirar de tres puntos, y los buenos resultados que ha logrado la llenan de satisfacción. Ese pequeño logro personal se ha convertido en un motor para seguir creciendo dentro del deporte.La liga también ha influido en su vida social y emocional. Le ha permitido convivir con la comunidad, reforzar valores y aprender a controlar impulsos. Los vínculos que se generan —amistad, convivencia, crecimiento deportivo— son parte esencial de su experiencia: “Aquí encuentras amistades, apoyo y un ambiente que te impulsa a mejorar.”
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